Introducción: Las plantas y los árboles requieren agua y sol para vivir. Son elementos vitales para elaborar sus nutrientes, si no están no hay vida. Ningún árbol puede decir: “no los necesito, viviré solo, sin el agua ni el sol” porque poco a poco su hojas caerán, sus ramas se secarán, sus raíces dejarán de funcionar y tendremos un tronco seco y muerto. Nosotros no podemos decir: “lo que tengo y he aprendido de Dios es suficiente”. Más bien debemos decir como el salmista: “Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas (en el desierto), así clama por ti oh Dios el alma mía”…