Jesús, el camino al Padre celestial
Introducción: La Biblia nos
enseña que Jesús es el camino, la verdad y la vida, nadie va a al Padre, sino
por él. Es sólo a través de Jesús que tenemos acceso y revelación del Padre
celestial, se requiere por tanto anhelo de conocer a Dios y humildad para
buscar a Jesús. Es fundamental esto para vivir la vida en abundancia, pues Jesús
dijo: “Y esta es la vida eterna que te conozcan a ti, y a quien has enviado”…
Conocer a Jesús es el camino
para conocer al Padre celestial.
“Todas las cosas me fueron
entregadas por mi Padre, y nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni al Padre
conoce alguno, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar” Mateo
11:27.
Inicialmente en este
versículo el Señor Jesús hace una declaración muy importante: “todas las cosas
me fueron entregadas por mi Padre”; expresión que nos deja ver no sólo la
confianza absoluta del Padre en Jesús al entregarle todo, sino que nos recuerda
que Jesús es Señor de todo y que el Padre celestial lo honró poniendo todas las
cosas en sus manos.
Por eso debemos ser
conscientes de la importancia de aceptar a Cristo no sólo como nuestro Salvador,
sino como nuestro Señor, pues su señorío implica someternos a su voluntad
plenamente y gozarnos de su gobierno sobre nuestra vida.
Es el Hijo quien conoce
plenamente al Padre, y es el Hijo quien nos lo puede revelar. La palabra
“revelar” se traduce del término griego “apokalupto” (raíz de la palabra
“Apocalipsis”) que además quiere decir: quitar la cubierta, descubrir. Es dar a
conocer o poner a la vista lo que estaba cubierto o era desconocido.
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Entonces el Señor Jesús,
además de venir a dar su vida en rescate por muchos, vino a revelarnos al Padre
celestial. De hecho todo lo que hizo Jesús en su ministerio terrenal fue fiel
reflejo de la voluntad del Padre celestial, por eso el Señor dijo:
“Cuando hayáis levantado al
Hijo del hombre, entonces conoceréis que yos soy, y que nada hago por mí mismo,
sino que según me enseñó el Padre, así hablo… porque yo hago siempre lo que le
agrada” Juan 8:28-29.
Jesús al final de Mateo 11:27
dice: “y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar”. Sabemos, sin duda, que el
Señor Jesús busca corazones mansos, humildes, que reconocen su condición y
necesidad de Dios, es por eso que los escribas y fariseos de aquella época no
tuvieron la revelación de Cristo y del Padre, porque eran orgullosos,
autosuficientes y por su religión no reconocían su condición.
Es fundamental entonces para
tener y crecer en la revelación del Padre celestial no sólo anhelo de él, sino
una actitud humilde de corazón y una disposición enseñable para ser instruido
por el Señor Jesucristo y por el Espíritu Santo que nos ha sido concedido.
Te invito a leer: DERROTANDO EL MIEDO (Devocional 008)
Escrito por Pastor Gonzalo Sanabria.
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Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. - Filipenses 2:5-8
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